domingo, 14 de marzo de 2010

UN COMENTARIO VERDADERO ACERCA DE LA VERDAD

Cuando terminé de leerlo me vino a la mente eso que decimos en Cursillos "Creo, no por lo que dices, sino porque he comprobado que lo que decías era verdad". 
Es por esto que lo comparto con ustedes amigos...

A los Secretariados del M.C.C. del Perú nos vendría bien leerlo varias veces para llevar nuestras Asambleas Nacionales y Encuentros Regionales por "el lado correcto".

A mis hermanos sacerdotes que acompañan en las distintas diócesis del Perú nos haría bien hablar de este punto en nuestro Encuentro Nacional de Asesores Espirituales. 

LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD EN EL MUNDO DE HOY


El Martes, 16 de febrero de 2010 a las 20:20
Manuel (Meme) Roque
Extraído de Revista OLCC (Abril/99) y
Boletín Sec. Nac. MCC Canadá Enero 2010

Al detenerse uno en la lectura de tantas y tantas reflexiones como se han realizado a lo largo del tiempo en torno al Movimiento de Cursillos, cabe pensar que sus fundadores tuvieron una genial idea (gracia actual) en torno a la visión del mundo. No solo de aquel mundo de los años cuarenta, sino de la visión de un mundo futuro al que era necesario acercar al amor de Dios, que apenas el hombre reconocía y que por lo tanto no era capaz de vivir un cristianismo vivo, un catolicismo militante, de cara a Dios y sobre todo, reconociendo desde su propia vida que Jesucristo y su Evangelio es la solución a todos los problemas que el hombre de hoy tiene planteados y que en el cursillo encontraría la fórmula para aprender en tres días a ser feliz toda la vida.

Esta reflexión si no me equivoco- he aquí la actualidad del Movimiento de Cursillos de Cristiandad- , después de cincuenta años, sigue presente en el rollo inicial de los tres días del cursillo. Dicho sea de paso este fue el mensaje que a modo de Gracia actual, inspiró mi conversión en el cursillo.

Esta reflexión se originó seguramente en el pensamiento de los fundadores. Basta leer el libro “El Cómo y el Porqué” y ahí encontraremos que este es el nervio ideológico, una visión del hombre de hoy y su proyección de sentirse persona, de sentirse hijo de Dios y por lo tanto descubrir la dignidad a la que por el amor de Dios ha sido llamado.

En la actualidad tengo la impresión que mucho de aquella reflexión se ha perdido o se ha relegado a segundo término en cuanto a dos cosas importantes: La reflexión ha dejado de ser seglar (laica) y ha pasado a ser de exclusiva potestad de la pluma sacerdotal. Como consecuencia, es evidente un juicio de valoración orientado por una corriente que inconscientemente (así prefiero verlo) va desplazando el sentido de reflexión seglar. Esta misma tendencia es clara en la redacción de la segunda edición de las Ideas Fundamentales.

Lo segundo se refiere a que en tales reflexiones, abunda mucho de los que es necesario lograr antes de que el hombre descubra su misión y su “responsabilidad” en la Iglesia: Su conversión personal.

Parece ser que la Iglesia de hoy está más urgida por reconstruir el mundo que por convertir a las personas. Me refiero a tantas reflexiones que frecuentemente y por diversos medios leemos del Movimiento de Cursillos en la actualidad, en las que sin entrar a fondo, se nota claramente una gran preocupación por los problemas del mundo, por los grandes desafíos que la iglesia tiene hoy: justicia social, desposeídos y hasta por la ecología. Lo grave de esta reflexión según mi opinión, es que no hay una expresa preocupación por la conversión de las personas porque conozcan a Jesucristo y su Evangelio, porque el hombre conozca el Amor de Dios. Parecer que es más urgente ponerlos a trabajar por un mundo mejor.

En estas reflexiones ya poco se menciona la persona de Jesucristo. La Gracia y el Amor están ausentes de su reflexión y no se considera la visión del hombre (la persona) desde su particularidad propia: Su normalidad, su libertad, su alegría, etc. tan vitales en el desarrollo de la misión para la que han sido llamados. Lo anterior convierte nuestra reflexión actual en una reflexión moderna y tecnificada, con visión clara de la realidad pero encarnada en el mundo y no en la persona, objeto principal de la redención y la finalidad del Movimiento de Cursillos.

LOS LAICOS DIRIGENTES EN EL MCC

La historia del MCC evidentemente nos trasporta en su origen a las isla de Mallorca y si entiendo como el más autentico de los relatos contados en la actualidad sobre la historia del MCC, el libro Historia y Memoria de los Cursillos de Francisco Forteza, por su cercanía con Eduardo Bonnin y su vivencial personal como uno de los más connotados seglares que nos han regalado su reflexión meramente seglar. No quisiera en estos momentos validar de este libro más que los relatos históricos que considero vienen de la propia fuente. Sus consecuentes reflexiones muy abundantes en el libro, prefiero dejarlas para después ya que ahora me interesa puntualiza que la historia del MCC esta originalmente escrita en su mentalidad, esencia y finalidad por seglares inquietos, como los hay hoy, y que son la fuente de lo que en aquel momento se pretendía. Estimo que el éxito del MCC desde su origen estuvo en un aspecto diferencial muy importante: La realidad no solo reflexionada, sino vivida y sentida en el mundo, donde coexisten la vida diaria común y las creencias y valores que sustenta su alejamiento de Dios y de su Amor. La gran distancia entre sentirse del mundo y sentirse iglesia. Esto es lo que origino el éxito del MCC. El Cristo vivo y personal que hace cincuenta años existía pero solo para los buenos, era necesario enseñárselo a los alejados. Solo alguien que además de entenderlo, se sintiera muy seglar y metido con las cosas del mundo seglar, podían diseñar una metodología sorprendentemente y duramente criticada en aquel momento, pero fermentadora de una nueva mentalidad preconciliar, que aprobaría que había llegado la hora de los laicos (seglares) y que la iglesia debía despertar pues el mundo estaba de espaldas a Dios, a Cristo y a su iglesia y en el se encuentran personas sujetas del Amor de Dios, de vivir las realidades del evangelio y de potenciar su vida en cristiano para ser fermento de ese evangelio en su mundo, pero sobre todo a los alejados.

No es mi intención por supuesto el que se desvalorice el magisterio de la Iglesia o la reflexión sacerdotal que tanta orientación y luz proporciona al mundo y a las personas que siendo iglesia y sintiéndose como tal, doctrinalmente se sujetan a ella y reconocen el valor profundo de la verdadera y auténtica doctrina cristiana.

Mi reflexión se refiera especialmente a la valoración de la reflexión seglar, que hemos perdido en el MCC y tanta falta hace para reconocer en ella a los testigos auténticos de la vivencia del cristianismo en el mundo. Ese mundo donde el MCC quiere llegar.

Los dirigentes del MCC en mi opinión, debemos ser además de depositarios de la mentalidad laical auténtica del MCC, fuente de reflexión y de proyección histórica de la finalidad del MCC. La formación de los dirigentes del MCC debe entenderse siempre desde tres niveles formales:

1. El Histórico

2. El Doctrinal

3. El de su mentalidad

El nivel histórico siempre será necesario. Y cuando me refiero a historia no se entiende en el contexto de unos hechos ocurridos hace cincuenta años y que bien detallados nos cuentan el origen del MCC. Si bien es cierto esto, me refiero más a su Carisma Fundacional, el que crea una mística y le imprime un carácter indeleble por el que el MCC es lo que es y no otra cosa. Los Franciscanos, los Claretianos y todas las órdenes religiosas, tienen como precepto principal la mentalidad y la mística de su fundador. Así unos serán misioneros, otros evangelizarán y velarán por los pobres, otros se dedicarán a la enseñanza. Por supuesto con una visión de la realidad pero con la mística y el pensamiento de su fundador.

No será que nuestro fundador, porque hay que decirlo claro, tenemos un fundador, no es reconocido como tal, y con la modestia y santidad que caracteriza a Eduardo Bonnin, le hemos relegado al plano del olvido y lo que es peor de la devaluación de su reflexión seglar. Será este su gran fallo: ser seglar (laico) y sentirse tan seglar.

La historia y los pensadores actuales del MCC (sacerdotes en su mayoría) como que no le perdonan el ser la fuente donde se origino todo. Por años hemos reflexionado que el MCC no tiene fundador y hemos escuchado esta aseveración en la gastada fase de que el MCC fue inspiración del Espíritu Santo. Quien puede negar esto.

También la obra Franciscana es inspiración del Espíritu Santo y los misioneros Claretianos también, mas esa inspiración no viene sola, viene por alguien, por el instrumento, del que el Espíritu se vale para “soplar donde quiere” y en esta ocasión, hace cincuenta años al Espíritu se le planto soplar en un instrumento de santidad, de humildad y de gran sentido eclesial, pero sobre todo de gran sentido seglar. Tenemos que aceptar que este fue el designio Divino. Por qué entonces no es la fuente inspiradora de la vida del MCC, porqué no sentir orgullo de que nuestro fundador aun vive. Será porque su reflexión esta pasada de moda y el mundo, la Iglesia y el MCC requieren de una nueva “mística”? Estamos entonces ante la primera obra de la Iglesia en la que su fundador se ve relegado, olvidado y rechazado y su forma de pensar y su mística ya no tiene valor ante las nuevas generaciones.

Creo que los dirigentes del MCC debemos reflexionar sobre este tema. La historia no tiene valor por sus hechos sino por su riqueza fundacional y porque en ella encontraremos la mística que no debe perderse. La mística seglar, la que plantea el valor de la persona como centro de la creación y de la historia de la redención. Nuestras escuelas de dirigentes deben respirar ese aire fundacional. Cómo puede un dirigente joven entender el MCC y su mentalidad si no conoce el ABC de su origen, si por la intención de crearle “otra mística” con no se qué fines, basado en que el mundo de hoy tiene grandes desafíos que ciertamente desafían al MCC, como parte de la Iglesia, pero que no lo eximen y si le exigen que se valore prioritariamente su ser persona, en orden a la conversión. La mayoría de las personas que llegan a cursillos, son personas que viven alejadas de la Verdad. Hay que acercarlos a esa verdad, pero eso significa mostrarles que Dios les ama, que su dignidad como persona está en ser hijo de Dios, hermano de Cristo y que la fermentación del mundo donde vive será consecuencia del Ser no del hacer.

En el MCC debemos preocuparnos por que los hombres y mujeres más que su sentido de Iglesia, vivan desde la iglesia su sentido laical, donde lo primero será percibir que Dios está cerca de mí, que me ama y que me impulsa a todo lo demás.

Los dirigentes del MCC debemos reflexionar desde la historia para comprender que solo desde su origen, se comprende la misión de los laicos en la Iglesia, pues la historia del MCC es historia de los laicos que descubren el verdadero valor de la vida, el verdadero valor de su ser persona y el profundo sentido de sentirse Iglesia en el corazón del mundo.


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